martes, 22 de mayo de 2012

Dependencia imperialista en los juegos Olímpicos y en Malvinas


Por Micaela Ríos

La publicidad gubernamental que relacionó la competencia deportiva en los próximos Juegos Olímpicos en Londres con  la soberanía argentina en las islas Malvinas fue motivo de otra nota de Beatriz Sarlo en La Nación del 8 de mayo. Nuevamente su análisis sobre la realidad argentina contiene cierto desprecio por el carácter dependiente de la Argentina, desvalorizando la lucha por las cuestiones nacionales. Ese desprecio se extiende sobre las mayorías populares siempre propensas, según ella, a ser engañadas por un discurso patriotero. Seguramente menoscaba la ardua lucha por la reivindicación nacional que libra el pueblo diariamente, en diversos ámbitos y de distintos modos para enfrentar la penetración imperialista, la extranjerización de nuestros recursos, causa del empobrecimiento de sus condiciones de vida y de toda la nación.
En principio, le molesta a Beatriz Sarlo la pasión o el murmullo nacional que
 con derrotas o éxitos deportivos genera el fútbol, el tenis o el hockey en las competencias internacionales. Seguramente, analizar el deporte libre o autónomo de las trabas que genera la dependencia imperialista en la Argentina y no entender las raíces más profundas de las pasiones nacionalistas puede deberse a que ignora en qué condiciones se realizan esos deportes en la Argentina. Nuestros deportistas, fundamentalmente en las disciplinas amateurs,  (como en muchos otros países oprimidos y dependientes) reciben escasísima o ninguna ayuda estatal. Su formación, sus entrenamientos, los costos de viajes, estadías y su participación en general en ámbitos internacionales se realizan con una gran indiferencia de las institucionales estatales locales y con una falta de protección frente a los atropellos administrativos y burocráticos de las grandes potencias que dedican importantes presupuestos al negocio deportivo. A diferencia de esas grandes potencias, los deportistas argentinos lo hacen a partir de una gran cuota de esfuerzo individual y orgullo nacional.
Pero negar el peso y las consecuencias históricas de la dominación imperialista en la Argentina resulta inadmisible. Más aún de uno de los imperialismos que tanto ha succionado y sigue succionando las riquezas de nuestros suelo y nuestro pueblo y que mantiene aún una parte de nuestro territorio bajo su dominio. Los intereses ingleses en Argentina no solo están vinculados su pasado de dominación (la ocupación de Malvinas en 1833, el bloqueo anglofrancés de 1845, a la instalación de los frigoríficos y ferrocarriles o el ignominioso Pacto Roca-Runciman) de la que, entonces, Malvinas sería una rémora de aquella vieja dominación. Como justifican algunos intelectuales, alegando que los intereses y dominación inglesa es algo del pasado; mientras que aceptan  la tesis del imperialismo inglés de “autodeterminación” de los kelpers, súbditos de la corona inglesa, población insertada por ocupación colonial. Explicaciones y justificaciones propias de intelectuales cipayos que ven y estudian el mundo desde las usinas ideológicas imperialistas. Por el contrario, antes y ahora, Malvinas es una demostración palpable de que esos intereses buscan justificar su pasado para seguir en posesión de un enclave estratégico en el Atlántico Sur y continuar rapiñando en el presente tanto en el petróleo, en la minería, en la propiedad de la tierra del sur argentino, en nuestros recursos marítimos y en empresas de servicios tan diversas como aquella agencia de publicidad del grupo británico WPP que con filiales en la Argentina produjo el spot que motiva las reflexiones de Sarlo.
También resulta inadmisible que esta intelectual crítica olvide el carácter dependiente de la Argentina cuando la compara con Alemania. No solo porque es una comparación antihistórica sino porque es un error que iguala a un país imperialista con un país dependiente. Alemania, en los años 30 durante el ascenso del nazismo estaba en su fase más agresiva de expansión industrial en su disputa interimperialista, y la Argentina dependiente, siendo disputada por varios imperialismos, no logró abandonar su rol de país exportador de materias primas, tanto en esa década del siglo XX como en la actualidad a inicios del siglo XXI. Por tanto, (aunque se excuse) Beatriz Sarlo (para confundir) confunde, un nacionalismo de derecha fascista, con el nacionalismo que ensayan los países y pueblos oprimidos frente a las iniquidades de los imperialismos. Nuevamente, esta comparación le impide medir la importancia que tiene la reivindicación y la cuestión nacional para las grandes mayorías oprimidas de nuestro pueblo.
La clase obrera, el pueblo y diferentes sectores patrióticos no se confundían ni se confunde cuando defienden la soberanía nacional y luchan contra la penetración imperialista en todas sus formas y vertientes. Perciben quiénes garantizan y quiénes traicionan los intereses nacionales y populares. Se diferenciaron el 2 de abril de la dictadura silbando a Galtieri cuando ante la recuperación de las islas se decía “presidente de los argentinos” y se conmovían por la justicia de la causa de Malvinas. Del mismo modo, nos diferenciamos de las declaraciones nacionalistas del gobierno de CFK remedo artificioso que no garantizará una segunda y definitiva independencia y nuestra soberanía nacional y popular. Por eso, exigimos para la defensa de la soberanía en Malvinas, la expropiación y anulación de todos los contratos las empresas ingleses radicadas en la Argentina como lo manifestaron cientos de artistas e intelectuales en una reciente declaración al cumplirse treinta años de la gesta de Malvinas.


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